ANTWOOD
El sol se ocultaba en el horizonte. La noche hacia acto de presencia un día mas y en la ciudad volvía el desasosiego. La gente se escondía en cualquier sitio que pudiera parecer seguro ante una amenaza.
No hay luces, la ciudad esta oscura, si acaso alguna vela en las casas y en el cielo las estrellas y la luna, la cual esa noche curiosamente estaba enrojecida.
Alrededor de la media noche se empezaron a oír los primeros gritos, otra vez la intranquilidad, nadie sabia lo que pasaba, ni quien era el causante de lo que sucedía.....
Todo comenzaba con ruidos de pasos y sombras. Solo se veía la sombra de aquel que perturbaba la tranquilidad en la Ciudad de Antwood.
Los gritos se oían en toda la ciudad......
Atacaba de noche, cuando la gente esta indefensa, cuando nadie puede ayudarla, incluso la policía se mantenía al margen de todo. El motivo no se sabia, ¿tendrían los ciudadanos algo que ver con lo que sucedía cada noche?
Pero ese día algo cambio. Un forastero se presento en la ciudad, sabia lo que ocurría cada noche. Según tenían entendido él vivió lo mismo hace años, en otro lugar.
Estuvo deambulando por toda la ciudad, prestando atención a cada ruido por insignificante que éste fuese, sabia que tenia que acabar con todo el dolor que reinaba allí, no podía permitir que sucediera lo mismo que años atrás.
La noche iba pasando y él sentía que se acercaba el momento del enfrentamiento, sabia que tenia poco tiempo ya que se acercaba un nuevo día.
Al cabo de unos minutos sintió su presencia, sabia que estaba próxima. Se dirigió a la calle principal de la ciudad y allí estaba él..... no se veía su rostro, soló sus ojos albergando una mirada diabólica la cual hizo recorrer un escalofrió a lo largo de su cuerpo, de esos que sientes cuando tienes miedo.
Le mantuvo la mirada, desafiante, y le dijo:
“Volvemos a vernos. No provocaras mas dolor...este es tu fin.”
Se enlazaron en una lucha a vida o muerte, la sombra desplegó unas garras afiladas que rasgaron la vestimenta del forastero. El hombre lo esquivaba como podía mientras le propinaba golpes por todo el cuerpo...
Comenzaba a amanecer y la sombra intentó huir, pero en un alarde de valentía el forastero se lanzo sobre él y consiguió ponerle de cara al sol; en ese momento un grito de dolor y derrota hizo reventar los cristales de los comercios próximos.
Pero aun la sombra tuvo tiempo de susurrarle al forastero:
“No soy el único, hay mas....pero tu no podrás salvarles” y le atravesó con sus garras.
El sol se ocultaba en el horizonte. La noche hacia acto de presencia un día mas y en la ciudad volvía el desasosiego. La gente se escondía en cualquier sitio que pudiera parecer seguro ante una amenaza.
No hay luces, la ciudad esta oscura, si acaso alguna vela en las casas y en el cielo las estrellas y la luna, la cual esa noche curiosamente estaba enrojecida.
Alrededor de la media noche se empezaron a oír los primeros gritos, otra vez la intranquilidad, nadie sabia lo que pasaba, ni quien era el causante de lo que sucedía.....
Todo comenzaba con ruidos de pasos y sombras. Solo se veía la sombra de aquel que perturbaba la tranquilidad en la Ciudad de Antwood.
Los gritos se oían en toda la ciudad......
Atacaba de noche, cuando la gente esta indefensa, cuando nadie puede ayudarla, incluso la policía se mantenía al margen de todo. El motivo no se sabia, ¿tendrían los ciudadanos algo que ver con lo que sucedía cada noche?
Pero ese día algo cambio. Un forastero se presento en la ciudad, sabia lo que ocurría cada noche. Según tenían entendido él vivió lo mismo hace años, en otro lugar.
Estuvo deambulando por toda la ciudad, prestando atención a cada ruido por insignificante que éste fuese, sabia que tenia que acabar con todo el dolor que reinaba allí, no podía permitir que sucediera lo mismo que años atrás.
La noche iba pasando y él sentía que se acercaba el momento del enfrentamiento, sabia que tenia poco tiempo ya que se acercaba un nuevo día.
Al cabo de unos minutos sintió su presencia, sabia que estaba próxima. Se dirigió a la calle principal de la ciudad y allí estaba él..... no se veía su rostro, soló sus ojos albergando una mirada diabólica la cual hizo recorrer un escalofrió a lo largo de su cuerpo, de esos que sientes cuando tienes miedo.
Le mantuvo la mirada, desafiante, y le dijo:
“Volvemos a vernos. No provocaras mas dolor...este es tu fin.”
Se enlazaron en una lucha a vida o muerte, la sombra desplegó unas garras afiladas que rasgaron la vestimenta del forastero. El hombre lo esquivaba como podía mientras le propinaba golpes por todo el cuerpo...
Comenzaba a amanecer y la sombra intentó huir, pero en un alarde de valentía el forastero se lanzo sobre él y consiguió ponerle de cara al sol; en ese momento un grito de dolor y derrota hizo reventar los cristales de los comercios próximos.
Pero aun la sombra tuvo tiempo de susurrarle al forastero:
“No soy el único, hay mas....pero tu no podrás salvarles” y le atravesó con sus garras.